VALENCIA.- Un estudio del Laboratorio de Contaminación Atmosférica (LCA) de la
Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) ha concluido que el ozono
"dañino" ha aumentado en las ciudades de la Comunitat Valenciana en los
últimos 20 años.
La contaminación atmosférica es "uno de los
principales retos ambientales y sociales, especialmente en áreas urbanas
con alta densidad de tráfico y de actividad industrial".
En este
contexto, el seguimiento de los contaminantes resulta "clave" para
informar a la ciudadanía y "evaluar la eficacia" de las medidas
adoptadas, señala la institución académica en un comunicado.
Este trabajo, basado en datos recogidos entre 2000 y 2019, revela que
"todas las estaciones urbanas de la Comunitat Valenciana muestran una
tendencia creciente a largo plazo en las concentraciones de ozono
superficial, un contaminante que afecta a la salud respiratoria y a los
ecosistemas".
Según la Agencia Europea de Medio Ambiente
(AEMA), "alrededor de medio millón de muertes prematuras al año en
Europa están relacionadas con la mala calidad del aire".
"De ahí la
necesidad de establecer políticas ambientales orientadas a la vigilancia
y a la reducción de la contaminación atmosférica", ha apuntado.
"Monitorizar la calidad del aire es fundamental para detectar
problemas de contaminación y comprobar si las medidas aplicadas están
funcionando", explica la profesora de la UMH Nuria Galindo, responsable
del estudio publicado en la revista 'Water, Air & Soil Pollution'.
Para ello, el equipo ha trabajado con datos de la Red Valenciana de
Vigilancia y Control de la Contaminación Atmosférica, que recoge
mediciones continuas en zonas urbanas, industriales y rurales.
"En
concreto, hemos analizado la evolución diaria, mensual y anual de
contaminantes como los óxidos de nitrógeno, las partículas en suspensión
y el ozono troposférico, que son indicadores clave de la calidad del
aire", aclara la investigadora.
Estas mediciones, registradas
de forma horaria durante dos décadas, permiten "identificar tendencias a
largo plazo y evaluar cambios en los patrones de contaminación".
"El
ozono (O3) es bueno o malo según dónde se encuentre", apunta el
investigador de la UMH y director del LCA, Javier Crespo, coautor del
estudio.
En las capas altas de la atmósfera, este gas actúa
como un escudo que protege de la radiación ultravioleta.
"De hecho, esa
capacidad de las moléculas de ozono para absorber la radiación
ultravioleta es la que utilizamos para medir su presencia", explica el
experto. La luz ultravioleta se hace pasar a través de una muestra de
aire y se mide cuánta absorbe: a más ozono, mayor es la absorción.
A nivel del suelo, en cambio, el ozono actúa como un contaminante
"dañino", ya que puede provocar inflamación de las vías respiratorias,
agravar enfermedades como el asma y dañar la vegetación, especialmente
en las épocas de floración y crecimiento.
"El ozono
troposférico o superficial se genera cuando los óxidos de nitrógeno y
los compuestos orgánicos volátiles (emitidos, por ejemplo, por el
tráfico o la industria) reaccionan bajo la radiación solar", aclara el
investigador de la UMH.
Este proceso explica "por qué los
niveles de ozono suelen ser más elevados en las horas centrales del día,
cuando se combinan el tráfico, la actividad industrial y la luz solar",
apuntan desde la institución académica.
"De hecho, hemos
observado que en la Comunitat Valenciana las concentraciones de ozono
alcanzan sus valores máximos por la tarde, coincidiendo con la mayor
intensidad de la radiación solar", señala el profesor Crespo.
La radiación solar es uno de los factores "clave" que influyen en su
formación, aunque no el único. Ciertos factores meteorológicos, como la
temperatura o la circulación del aire, también influyen en su
acumulación y dispersión.
Además, ha continuado, "los óxidos
de nitrógeno emitidos por los motores de combustión interna",
"especialmente el monóxido de nitrógeno", reaccionan con el ozono y
"contribuyen a su destrucción", según la UMH.
Por eso, "los
niveles más bajos de este gas se registran en las primeras horas del
día, cuando aumenta el tráfico y la radiación solar es todavía baja".
El
equipo concluye que este "equilibrio entre formación y destrucción"
también explica "por qué, en general, las concentraciones de ozono
suelen ser menores en los entornos urbanos que en las zonas rurales
cercanas".
En la Comunitat Valenciana, el
análisis de dos décadas muestra que "las concentraciones medias en
estaciones urbanas se sitúan entre 38 y 56 microgramos por metro
cúbico", con valores más bajos en áreas de tráfico intenso, como la
estación de Pista de Silla, en Valencia, con unos 38, y más elevados en
otras zonas urbanas como Gandía, que alcanza medias superiores a 56.
En contraste, las estaciones rurales de mayor altitud registran los
niveles más altos, con medias que superan los 90, "lo que evidencia que
el ozono se acumula lejos de las fuentes de emisión de sus precursores".
Asimismo, Galindo ha precisado que el umbral de alerta, que se sitúa
en 240 de promedio durante tres horas consecutivas, "no se ha superado
en ninguna ocasión en los puntos de medida de la Comunitat Valenciana".
"Otros estudios realizados en Europa, Asia o Estados Unidos apuntan en
la misma dirección: el ozono está aumentando en las ciudades", ha
sentenciado.
El análisis muestra que este incremento es "especialmente acusado en
primavera" y que los niveles de ozono tienden a ser más altos los
sábados y domingos en las zonas urbanas, un fenómeno conocido como
"efecto fin de semana".
"Durante esos días disminuyen las
emisiones de algunos contaminantes que, paradójicamente, contribuyen a
destruir el ozono, lo que favorece su acumulación", afirma la
investigadora de la UMH Sandra Caballero, también coautora del estudio.
Este fenómeno, descrito por primera vez en la ciudad de Nueva York en
la década de 1970, es característico de entornos urbanos con alta
densidad de tráfico, según ha explicado la UMH, que ha apuntado que, en
el estudio, el "efecto fin de semana" se observa con "claridad" en
estaciones urbanas y suburbanas, "pero no en las rurales".
En
las zonas rurales, "especialmente en áreas de mayor altitud, se
registraron las concentraciones más elevadas de ozono y los menores
descensos durante la noche, debido al contacto con capas atmosféricas
superiores que actúan como reservorios de este contaminante".
Además, durante el verano, las brisas "favorecen el transporte de
precursores del ozono desde zonas urbanas costeras hacia áreas del
interior, donde, junto con una mayor radiación solar, se alcanzan
concentraciones más elevadas".
En este sentido, Caballero
advierte sobre la "complejidad" del problema.
"La reducción de algunos
contaminantes no siempre implica una mejora directa de todos los
indicadores de calidad del aire", ha aseverado.
Es decir,
"aunque disminuir las emisiones de óxidos de nitrógeno y de compuestos
orgánicos volátiles es positivo, también puede influir en los mecanismos
que regulan la concentración de ozono, lo que obliga a analizar el
sistema de forma conjunta".
El
estudio de la UMH también confirma que otros contaminantes, como los
óxidos de nitrógeno y las partículas en suspensión (PM 2.5 y PM 10, con
diámetros inferiores a 2,5 y diez micras, respectivamente), están
"fuertemente condicionados por el tráfico y las emisiones industriales,
con picos en días laborables y en zonas urbanas e industriales".
En concreto, ha proseguido, "los niveles más altos de óxidos de
nitrógeno se registran en horas punta de tráfico, mientras que las
partículas alcanzan valores elevados tanto en áreas urbanas como en
zonas industriales, como el entorno de L'Alcora, influido por las
emisiones de la industria cerámica".
No hay comentarios:
Publicar un comentario