domingo, 8 de febrero de 2009

La crisis y las comunidades autónomas / Pedro Ortíz

Montoro, el sabio de economía del PP, triunfó ante la flor y nata de los empresarios valencianos en el desayuno que hace unos días organizaron PricewaterhouseCoopers y Las Provincias. Montoro, que fue ministro con el PP, diagnosticó y ofreció soluciones para intentar salir de la crisis; Montoro, que fue catedrático, lo hizo con un acento tan espléndidamente didáctico que maravilló a los presentes.

Análisis: recesión, paro, deflación. Causas: crisis financiera, crisis de la construcción y, específico de España, balanza de pagos negativa por falta de competitividad. Prescripción del Gobierno: aumentar el déficit y la deuda pública pese a que, según Montoro, deuda más deuda es igual a más paro.

Soluciones propuestas por el ex ministro: descenso máximo del gasto del Gobierno; bajada de impuestos generalizada a las familias, las pymes, los profesionales y los autónomos; reforma del mercado de trabajo (para abaratar los despidos, extremo este que no citó expresamente) y cambios "sin tapujos" de la política energética; utilizó el tapujo del "sin tapujos" para no nombrar la bicha de las centrales nucleares. Y una última recomendación que recuerde: unidad de mercado nacional, un tanto descompuesta por la disparidad de las leyes autonómicas.

Ninguna de los remedios sugeridos por Montoro, ninguno, es competencia de las comunidades autónomas o de Bruselas, sino del Gobierno. Montoro siempre acusó al Ejecutivo de Zapatero de permanecer inmóvil ante la crisis más allá de recurrir a la deuda para inyectar dinero a los bancos. Ah, sí, y la ocurrencia de las bombillas de Sebastián. Pero salvó la cara de las comunidades autónomas e incluso alabó la política económica llevada a cabo por la Generalitat.

Cierto es que no podía dar mala opinión de quienes son de su mismo partido, pero imagino que no le gustó nada que ningún conseller valenciano se acercase al Hotel Las Arenas ni siquiera a estrechar su mano. Allí estaban la alcaldesa de Valencia, el presidente de Bancaja, el de la Bolsa, el de la Cámara de Comercio y un sinfín de importantes y menos importantes empresarios valencianos, pero ningún alto cargo del Consell, que, cosas de la política, hicieron el vacío al principal responsable económico del partido.

Decía que el ex ministro exoneró a las comunidades autónomas de la culpa de la crisis. Visto con la lejanía de una semana, qué ridículo resulta que UGT y CC. OO. hayan montado su única manifestación contra el paro en Alicante, Castellón y Valencia, como si sólo hubiera recesión y desempleo en la Comunitat Valenciana, como si Camps fuera el responsable del desaguisado económico.

Al igual que resulta ridículo, en el lado contrario, oír a Pérez Touriño, el presidente de la Xunta de Galicia, presumir de que el paro gallego crece, pero crece menos que en el resto de España, se supone que gracias a la labor del Gobierno de coalición BNG-PSG. Pues claro. Y se supone también que gracias a los cientos de miles de euros que aquel Gobierno autonómico se ha gastado en moquetas, cristales con tintado automático y sillones chiripitifláuticos. Hasta el coche oficial de Touriño, que es su tercer coche oficial, es más caro que el que utiliza Obama. Por eso, debe de ser por eso, el paro en Galicia crece menos que el del resto de España.

Galicia debería hacer un sacrificio por el bien de España y del mundo entero. Touriño debería abandonar su candidatura a continuar en el palacio de Rajoy, que así se llama el edificio sede de la Presidencia de la Xunta, y declararse candidato a la Casa Blanca para desde allí, con sus moquetas, cristales y sillones, con su coche, más caro que el de Obama, salvar a Estados Unidos y al mundo de la crisis internacional.

Ese saber hacer de Touriño es la razón por la que los sindicatos eligen Valencia y no Santiago para su manifestación. Y mucho menos Madrid, donde Zapatero lucha contra la crisis culpando, aunque con la boca pequeña, a los banqueros y, esta vez sí, con la presencia de Olivas, presidente de Bancaja, la tercera caja de ahorros de España, que en la primera reunión de la Moncloa fue olvidada por Zapatero en beneficio de la caja andaluza, sin que haga falta recordar que en Andalucía gobierna el PSOE.

Dejó Zapatero la sal gruesa para el ministro Sebastián, al que se le acaba la paciencia con los bancos el mismo día que se supo que 200.000 españoles habían pasado a engrosar en enero la paciente lista de parados.

Vuelvo a Montoro, vuelvo a las responsabilidades por la crisis para reiterar que difícilmente las comunidades autónomas pueden hacer algo más para combatirla. Excepto tres cosas: reducir gastos, reducir gastos y reducir gastos. Aunque ahora que lo pienso, si se trata de reducir gastos, no es poco lo que las comunidades autónomas pueden hacer.

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