miércoles, 9 de marzo de 2022

Borrell pide a los europeos bajar la calefacción en casa y consumir menos gas ruso

 


ESTRASBURGO.- El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, pidió este miércoles a los ciudadanos europeos que “bajen la calefacción en sus casas”, porque hay que “pagar un precio” por “cortar el cordón umbilical” con la economía rusa por la guerra en Ucrania.

“La primera cosa que tenemos que hacer es cortar el cordón umbilical que une a nuestra economía con la rusa y cortar el flujo que le permite acumular reservas con las cuales financiar la guerra”, dijo Borrell en un debate en el Parlamento Europeo con la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas, sobre la invasión rusa.

Para Borrell, "eso lo podemos hacer a nivel político macro", como hizo ayer la Comisión Europea al presentar su directiva para rebajar en dos terceras partes las importaciones de gas ruso de aquí a final de año, pero "también pide que los ciudadanos europeos bajen la calefacción de sus casas".

“También pido que todo el mundo haga un esfuerzo individual en recortar el consumo de gas, igual que recortamos el consumo de agua cuando hay sequía e igual que cuando nos ponemos una máscara para combatir el virus”, señaló el alto representante.

Con las sanciones que los países occidentales están aplicando contra Moscú, "Rusia es hoy, básicamente, una gasolinera y un cuartel. Es un sitio donde venden hidrocarburos y con ello alimentan a unas fuerzas armadas dispuestas a intervenir donde haga falta: desde el Sahel al Cáucaso, con Siria y ahora en Ucrania", dijo.

Los datos indican que una medida de este calado tendría realmente un impacto marginal en el consumo de todo el continente y que otro tipo de soluciones, como buscar otros proveedores y realizar mayores inversiones en energías alternativas, serían mucho más eficaces para sortear esta crisis.

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), bajar un grado la temperatura de los termostatos reduciría la demanda de gas ruso en unos 10.000 millones de metros cúbicos al año. Teniendo en cuenta que la UE importó 155.000 millones de metros cúbicos de Rusia, esto supondría reducir la dependencia en un 6,45%.

Hay que señalar que la UE consume 500.000 millones de metros cúbicos de gas al año y el 45,3% lo importa de Rusia. Noruega es el segundo proveedor con un 23,6%, seguida de Argelia (12,6%), otros mercados (7,1%), Estados Unidos (6,6%) y Qatar (4,9%).

En el caso de España, el país importó a lo largo del año pasado un total de 36.119 gigavatios hora (GWh) de gas natural ruso, representado el 8,7% del total. Le superaron países como Argelia (42,7%), Estados Unidos (14,4%) y Nigeria (11,4%), según datos del operador gasista español, Enagás.

La Comisión Europea ha planteado una serie de medidas con el fin de reducir dos tercios las importaciones de gas de Rusia al año y lograr el objetivo de cortar su dependencia de los combustibles fósiles rusos en 2030, como respuesta a la invasión de Ucrania.

Para alcanzar este objetivo, el Ejecutivo comunitario ha desarrollado el plan bautizado como REPowerEU. Pretende evitar proveedores que produzcan inestabilidad como Gazprom, la mayor gasística del mundo y controlada en su mayoría por el Estado ruso.

La UE afirma que el suministro de gas está asegurado para este invierno y pone sobre la mesa que puede importar 500.000 millones de metros cúbicos más al año de gas natural licuado de proveedores como Qatar, EEUU, Egipto o el este de África.

La diversificación de proveedores podría efectuarse también a través de los gasoductos de Azerbaijan, Argelia o Noruega, que podrían suministrar 10.000 millones de metros cúbicos de gas adicionales por curso, justo lo que la UE se ahorraría por bajar un grado la calefacción, según la AIE.

Además, el Ejecutivo comunitario continuará en conversaciones con los principales compradores mundiales de gas, como son Japón, Corea del Sur, China o India para analizar la situación del mercado a medio plazo.

En un paso más, Bruselas analizará las inversiones necesarias para desarrollar infraestructuras que permitan reducir la dependencia del gas y aumentar la participación del hidrógeno y del biometano, mientras reduce el uso de combustibles fósiles.

Bajo dichas premisas, Europa aspira a eliminar la dependencia comunitaria de Moscú para 2030, a razón de reducir un 30% anualmente el consumo de gas. La cifra es equivalente a 100.000 millones de metros cúbicos de este combustible fósil.

En este sentido, Alemania ha paralizado el proceso de aprobación del gasoducto Nord Stream 2, una infraestructura estratégica para trasladar gas natural desde Rusia al Viejo Continente, en respuesta a Putin. El gasoducto, que conecta la reservas rusas con la zona occidental de Europa a través del mar Báltico, está ya completado, pero su funcionamiento estaba aún pendiente de los certificados de operatividad en Alemania.

El país germano ya paró temporalmente su certificación en noviembre del año pasado al alegar que no estaba constituido bajo la legislación del país. Rusia ha advertido de que esta decisión derivará en «daños irreversibles» para las relaciones entre ambos países.

Rusia ha amenazado con cortar el suministro de gas a Europa a través del gasoducto Nord Stream 1, como respuesta a las sanciones impuestas por Occidente. La restricción del gas, si se aprobara, podría aumentar la agitación en los mercados de energía y alimentar aún más la escalada alcista de los precios energéticos.  

Pero Putin también está moviendo ficha con nuevas alianzas con China. Gazprom ha firmado un contrato para el diseño de un gasoducto que permitirá suministrar a China a través de Mongolia cerca de 50.000 millones de metros cúbicos de gas al año.

A comienzos de febrero ambos países acordaron el suministro de 10.000 millones de metros cúbicos al año desde el Extremo Oriente ruso. El mayor consumidor de energía del mundo se convierte así en socio privilegiado que servirá de destino a todo el gas que Europa no quiera comprar.

Dichos acuerdos son la continuación del que sellaron en 2014. Firmaron un megacontrato para tres décadas valorado en 400.000 millones de dólares (unos 350.000 millones de euros) por el que el gigante ruso suministraría 38.000 millones cúbicos anuales de gas al país oriental.

Estados Unidos ha prohibido las importaciones de gas, petróleo y carbón desde Rusia, lo que ha llevado al barril de Brent —de referencia en Europa— por encima de los 130 dólares. El país norteamericano tiene sobre la mesa una posible reducción de las sanciones a Venezuela que permitiría a este país, entre otras cosas, producir más petróleo y venderlo en el mercado internacional, con el objetivo indirecto de aislar más a Rusia tras la ofensiva militar lanzada en Ucrania.

Washington impuso en 2019 sanciones sobre el petróleo venezolano, como represalia por las elecciones presidenciales de 2018. Venezuela produce actualmente unos 800.000 barriles de crudo al día, lejos de los tres millones que mantuvo durante años.

En la misma línea, el Reino Unido cesará de importar petróleo y derivados petrolíferos rusos a finales de 2022, según ha asegurado el ministro de Empresas y Energía del país, Kwasi Kwarteng. 

España garantiza el suministro. El país tiene garantizado el suministro de gas natural durante los próximos meses, aseguran el propio Gobierno y Enagás. Está programada la llegada de más de 50 barcos cargados con gas natural licuado (GNL) entre febrero y marzo. 

Enagás afirma que el sistema gasista español cuenta actualmente con unos niveles de capacidad contratada de gas natural superiores a la de inviernos anteriores en la misma fecha, y se encuentra en una situación mejor que la de otros países del entorno.

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