VALENCIA.- El Informe del cuarto trimestre de 2025 de la Cátedra Observatorio de la Vivienda de la Universitat Politècnica de València ha confirmado que València ha entrado en una emergencia habitacional estructural.
La cronificación del problema, pues, no es resultado de una crisis súbita, sino de «más de diez años de decisiones erróneas, inacción prolongada y, especialmente, de la sustitución del análisis técnico por un relato político desconectado de la realidad», según recoge la UPV en un comunicado.
El precio medio de la obra nueva plurifamiliar ha superado los 4.000 euros/m2, mientras la oferta disponible se ha reducido a solo 137 viviendas nuevas en toda la ciudad. Este doble fenómeno marca un «punto de no retorno».
«Cuando una ciudad deja de poder alojar a quienes la sostienen, el problema deja de ser económico y se convierte en social», ha señalado el director de la Cátedra, Fernando Cos-Gayón López. «Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en València».
La Cátedra ha explicado que desde 2016, y con especial intensidad desde 2019, los datos han sido claros, públicos y reiterados. Encarecimiento sostenido, desaparición de vivienda protegida efectiva, contracción de la oferta y aumento del esfuerzo de los hogares. Nada de esto era imprevisible, ha insistido.
«No estamos ante una crisis inesperada», afirma Cos-Gayón. «Estamos ante el resultado directo de haber ignorado durante años un diagnóstico perfectamente conocido».
La Cátedra considera que uno de los elementos más dañinos de esta década ha sido la construcción de «un relato político que ha suplantado al conocimiento», con mensajes tranquilizadores, anuncios sin base técnica y medidas diseñadas para el ciclo mediático.
«El relato crea una falsa sensación de acción, pero no construye viviendas», advierte el director del Observatorio. «Y lo que es peor: ha servido para justificar políticas que han agravado exactamente aquello que decían combatir».
Para la cátedra de la UPV, el caso del alquiler es paradigmático. A su criterio, la negativa a proteger de forma efectiva a los propietarios frente a la okupación y la inseguridad jurídica ha provocado el efecto que desde la Cátedra se venía advirtiendo: retirada masiva de vivienda del mercado tradicional.
«El resultado no ha sido más acceso, sino escasez extrema, precios disparados y expulsión acelerada de los hogares más vulnerables». «Legislar desde el miedo al propietario no protege al inquilino, lo expulsa del sistema», ha apuntado Cos-Gayón.
Así, la Cátedra concluye que el alquiler en València es un mercado «residual, frágil y profundamente excluyente», no por exceso de demanda, sino por «destrucción deliberada» de la oferta. «El desastre del alquiler no es una consecuencia colateral, es el resultado directo de políticas que confundieron intención moral con eficacia real», ha insistido Cos-Gayón. .
La emergencia ya no afecta solo a colectivos tradicionalmente vulnerables. Se ha convertido en una fractura generacional que expulsa a jóvenes, trabajadores esenciales y familias de rentas medias fuera de la ciudad. Cada año sin actuar con rigor no solo agrava el problema, sino que «encarece de forma irreversible su solución».
A este escenario se suma un crecimiento demográfico acelerado, sin que el parque residencial ni las políticas públicas hayan sido dimensionadas para absorberlo. No es un debate ideológico, sino una relación estructural básica: cuando la población crece y la capacidad de producir vivienda no lo hace, la presión recae siempre sobre los más frágiles.
Solo hay «brotes verdes» en este bucle pernicioso en los últimos meses, ha añadido la Cátedra, y se ha referido al Plan VIVE, que en su opinión "representa una oportunidad que debe valorarse en positivo. Su puesta en marcha permitirá, previsiblemente, iniciar durante 2026 una nueva generación de Vivienda de Protección Pública mediante colaboración público-privada.
Sin embargo, ha advertido que esas viviendas no estarán disponibles antes de dos años desde su inicio. «El Plan VIVE es necesario y va en la dirección correcta», afirma Cos-Gayón, «pero no puede utilizarse como coartada para negar la emergencia actual ni para seguir retrasando decisiones estructurales».
«Actuar exige abandonar definitivamente el relato y volver a la evidencia. Movilizar suelo, producir vivienda asequible de forma sostenida, proteger jurídicamente al propietario para recuperar oferta de alquiler, revisar una fiscalidad que hoy representa en torno al 31 % del precio final de la vivienda y gobernar con indicadores públicos y verificables.
Todo lo demás es distracción. Basta de buscar el enfrentamiento estéril; hace falta una estrategia nacional, un pacto de Estado, que garantice el acceso a la vivienda», concluye Cos-Gayón.
«Ignorar los datos durante una década es el verdadero problema. València no ha llegado hasta aquí por mala suerte, sino por haber confundido política de vivienda con política de comunicación», ha zanjado.
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